7 oct. 2013

Crumb por partida doble.



Este fin de semana, uno de los más importantes autores del medio fue premiado en el festival La Risa de Bilbao, y eso tuvo su repercusión: aquí tres apariciones en prensa especialmente interesantes:


por Marta Caballero.

La buena vida de Robert Crumb,

por Diego A. Manrique




Y, como se puede ver la foto, que nos hemos robado del artículo de Diego A. Manrique, el maestro no estuvo solo. Al contrario, estuvo tan bien acompañado como siempre por su mujer, la también dibujante y también talentosa Aline Kominsky, así que aprovechamos para recomendaros el siguiente volumen, donde se pueden ver otros viajes de ambos:

por Aline & R. Crumb



En una carta fechada el 21 de enero de 1977,  extraída de Your vigor for life appals me: Letters 1958-1977 (Fantagraphics, 1998), Robert Crumb le confiesa a su amigo Mike Britt que lleva dos años viviendo con Aline Kominsky, una mujer a la que define como inteligente y cómica (como son cómicos los humoristas judíos), además de buena en la cama. Luego la piensa como mujer, la hace víctima de su misoginia, y añade que es muy posible que cuando Britt recibiese la misiva sería soltero otra vez, evidenciando así la fragilidad de sus relaciones de pareja. Para entonces, el tándem Crumb-Kominsky ya había empezado a experimentar con cómics autobiográficos donde ambos se dibujaban a sí mismos sin transar un ápice en ambiciones ni estilo. Y así siguieron haciéndolo hasta 2011, año en el que publican la última de las colaboraciones que recoge ¡Háblame de amor!.


¡Háblame de Amor! es un volumen que retrata una terapia de pareja de carácter libérrimo y esquinado donde ambos autores exploran el aspecto cotidiano de su relación así como el entorno en el que se desarrolla. Esto, por ejemplo, resulta llamativo en una de las primeras historias (Aline ‘n’ Bob’s Funtime Funnies, 1974) donde un cameo de Timothy Leary en mallas evidencia dos cosas: por un lado,la cercanía de la pareja con lo que se suele nominar contracultura, jipismo o lo que sea que contemple la conjungación entre la búsqueda de formas de vida alternativas y el uso (y abuso) de drogas. Mientras, por el otro, aparece el interés de problematizar mediante los mecanismos del humor aquello que les rodea usando el autoescarnio como principal basa para dibujar su lugar en el mundo, el lugar desde donde hablan. Así  encontramos discusiones, con sus respectivos abandonos y reconciliaciones, sexo desenfrenado y grotesco, adultos que salen de compras, pases de cine en festivales, constantes cambios de vestuario, cenas y visitas de amigos —¡cameos de Art Spiegelman y Charles Burns!—, desfiles de moda y la entrada del dinero en una relación que, al comienzo, había hecho de la precariedad tema de variadas digresiones. 

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