25 oct. 2012

Premio nacional del cómic 2012: Dublinés de Alfonso Zapico

Si bien todo premio o reconocimiento implica dejar fuera a alguien o algo, hay que reconocer que el premio nacional del cómic que este año a premiado Dublinés del asturiano Alfonso Zapico implica, además de un reconocimiento concreto hacia su autor, un premio hacia una manera de trabajar. Me refiero a la intensidad y dedicación, a la investigación exhaustiva que dicen que le llevó y al tiempo que dedicó (cerca de tres años, según la prensa). Así, el premio no sólo funciona como un galardón personal, sino también como aliento a la dedicación para emprender en condiciones un trabajo de largo aliento. 

También invita a pensar que la construcción de una obra con elementos disímiles, no necesariamente testimonio de una larga trayectoria, puede también formar parte de el canon que construye todo premio nacional. Así las cosas, el premio a Zapico no sólo invita a leer La ruta de Joyce, especie de libro de viajes tematizado como making-off, que hace del proceso de creación de Dublinés su principal eje, sino también a visitar Café Budapest, una historia que refleja el conflicto palestino-israelí visto desde una óptica humanista que busca apostar por la convivencia y La guerra del profesor Bertenev donde Zapico articula, en torno al Bertenev, la posición de un intelectual pacifista ante la guerra, lo cual implica pensar también qué lugar se le supone a los intelectuales a la hora de intervenir en la sociedad en la que viven.

Por esto y por mucho más, el premio nacional del cómic de éste año parece, además de justo y merecido, una invitación a entender el cómic también como un trabajo que precisa de un gran esfuerzo y que puede incidir en cómo vemos aquello que existe a nuestro alrededor. 

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