20 oct. 2014

Propuesta del día: Hervir un oso de Jonathan Millán y Miguel Noguera (Belleza Infinita, 2010)

Luis Carandell afirmaba por ahí que «la labor de un humorista y, en definitiva, la de un escrito no consiste en decir, como en las películas americanas, la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. Ese es trabajo de escribidores o de escribientes, no de escritores». Quizá por esto último el humor gráfico deba ser entendido a la vez como un documento histórico, una radiografía sociológico-política y un fenómeno estético de amplio espectro que funciona, por sí misma, como manifestación artístico literaria. Básicamente porque que el discurso cómico siempre está hablando de nosotros. Este, aunque no de modo evidente, es el de Hervir un Oso de Jonathan Millán y Miguel Noguera. Un volumen que traduce las ideas de Noguera, suerte de greguerías metafísicas con un desarrollo claramente desafecto a cualquier tipo de racionalidad, a un lenguaje de cómic peligrosamente cercano al humor gráfico, etiqueta que sería peligroso usar sin agregar otras. Pero como éste sería un debate algo bizantino, quedémonos con el quid de la cuestión: por qué deberías, lector, asomarte a este volumen está en el hecho de que este par de jóvenes construyen, como hiciera en el pasado Alfred Jarry con la Patafísica, un rechazo a las evidencias acerca de lo que hacemos maquinalmente, acerca de lo que nos rodea. Millán y Noguera realizan una labor que explora el trasunto cotidiano como quién busca una realidad misteriosa y fantástica, además de funcionar como un ejemplo perfecto de lo que ha de hacerse con cualquier proyecto humorístico que destile valentía: empezar con él y tirar millas, siempre hacia delante y con sonoras carcajadas. Algo muy digno de hacer un miércoles como hoy.


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