12 ene. 2015

Propuesta del día: El hombre que se dejó crecer la barba de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel, 2012)


No hay mejor manera de empezar el año que con este regalo...


Olivier Schrauwen (Brujas, 1977) es un autor estupendo que ha hecho de su trabajo una muestra de cómo a partir de elementos y tratamientos disímiles es posible, al mismo tiempo, recuperar un patrimonio —que indica la vitalidad que desde hace siglo y pico ostenta el medio— y ofrecer un recorrido sugestivo, que incita al lector a adentrarse en su imaginación que desborda, inclusive, las nociones canónicas del medio. En su caso el estilo no insiste en un único modelo de relato, sino que parece articular, en sus continuos saltos y movimientos, en sus cambios de técnicas y estructuras narrativas, una motivación que hace de la mutación y la diferencia de tratamientos una propuesta de estilo que, además de hacer suyo el pastiche, abunda en la suma y en la disposición alegre y dicharachera de los elementos.

Schrauwen opera por adición, y de esa manera resuelve seis historias (y una coda) de diferente manera, tanto gráfica como narrativamente, consiguiendo así potenciar el conjunto. Hablo, por supuesto, de El hombre que se dejó crecer la barba, estupendo volumen preciosamente editado por Fulgencio Pimentel, además de ganador del último Gran Premio de la segunda edición de Golden Globos.

La obra de Schrauwen no sólo supone una inflexión en cualquier discurso posible sobre las marcas de estilo de un autor, sino que además retrata un rasgo determinante a la hora de pensar su trabajo. Por ejemplo: la brillante resolución de “El imaginista”, por ejemplo, obliga a repensar el proceso de configuración y sus límites. Dicho de otra manera: allí donde Schrauwen hace de la perversidad y la imaginación explosiva un trasunto indivisible de sus opciones estéticas es posible encontrar una serie de marcas de estilo. Y eso mientras estudia las formas del medio en el pasado y potencia cada una de las partes del relato, Schrauwen establace un hilo conductor que continuamente ofrece fisuras e inflexiones que, dicho de manera literal, hace de una barba un universo.

Por eso consideramos que es un estupendo regalo para estos días tan llamativos en esto del regalar.

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