8 ago. 2014

Propuesta del día: Buscavidas de Dabitch & Flao (Norma Editorial, 2011)


Si bien Buscavidas de Christophe Dabitch (Bordeaux, 1968) y Benjamin Flao (Nantes, 1975) se presenta como una historia sentimental construida en base a pintoresquismos –“[los autores] nos cuentan una historia de un gitano y un payo cuya vida es el cante”, dice la contratapa– la obra goza de una serie de elementos que, tanto a nivel gráfico como a nivel semántico, rompen esa barrera para generar un juego de tensiones que en lugar de recrearse sólo en la ya clásica trama de “dos amigos de raíces y cosmogonías distintas que comparten muchas cosas, aish”, acaba por recoger una tensión que, si bien parte de eso elementos, explora un ámbito más complejo que se puede entender como una fricción más llamativa: la ya clásica, pues remonta su formulación a los tiempos de Goethe, de Civilización v/s Cultura. 

Ésta fricción explora dos ámbitos que encarnan precisamente el payo y el gitano o, respectivamente, Manuel y Benito. El punto de unión entre ambos pasa por la querencia hacia el flameco en todas sus formas y, precisamente por eso, ahí radica su más profunda desavenencia: el modo en el que ambos se acercan al cante y al baile. El modo en el que ambos entienden que se ha vivir para poder ejercer de cantor o bailaor. Mientras Manuel, criado en Francia, entiende el flamenco como una expresión que se ha de perfeccionar mediante la práctica; Benito lo entiende de manera completamente opuesta, ya que en lugar de hacer del cante una expresión meramente estética lo entiende como la manifestación última de la experiencia. De ésta concepción del flamenco proviene, además, el motor del relato, pues Benito se enfrenta continuamente al dictado de la tradición de su comunidad de origen y de los tópicos que acarrea, sobre todo los peyorativos. Explora los conflictos que le presenta la misma y a partir de sus contradicciones construye una ética del sufrimiento acorde con su pasión por la música, pues su única meta pasa por ser un cantaor de pura cepa. El cante es también quejío y eso, según él, no se aprende ni práctica: se vive con orgullo. Dice Benito: “Mi orgullo es creer que puedo ponerme al servicio del cante, que puede atravesarme”. 

A partir de ésta postura, evidentemente romántica, el relato aborda diversos puntos de vista y lo hace mediante una suma de grandes hallazgos narrativos y un apartado gráfico solvente: el uso preciso y sugerente de la gama cromática de los ocres y los constantes cambios de técnica que amplían la significación de la letra impresa o el globo de diálogo. Así, el relato se inmiscuye en los matices que esconden las manifestaciones populares y en esa exploración revela con suma eficacia la querencia de los protagonistas por el flamenco, contrastando las diferentes facetas de la expresión: desde su uso cotidiano, en la terraza de algún bar en Andalucía, hasta el momento donde la ceremonia del cante se celebra: en un tablao. 

Este volumen, presenta, entonces, una trampa formal muy hábilmente dispuesta: se entrega, en principio, al tópico y al pintorequismo, pero no ceja en su intento por desenmarcarse de ese ámbito puramente sentimental para iniciar una deriva hacia una lectura de lo cotidiano que el cómic contemporáneo parece evitar: el relato de una derrota, justamente aquella relativa a la cohesión de las opiniones y experiencias respecto a las manifestaciones populares, puesto que cada una se quiere única y veraz. Aquí se cuenta ese proceso, que pasa por hacer todo lo (im)posible para ponerse feo. A como dé lugar. Por eso es una estupenda recomendación de viernes.

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