11 feb. 2013

Complicaciones...

La verdad es que novedad-novedad tampoco es, pero es innegable que a pesar de todo le reviste el manto de lo nuevo. Y no nos referimos solamente a la estupenda edición de Nórdica, sino, también, a su alcance en un momento en el cual las discusiones sobre el medio están cada vez más documentadas. Por eso recomendamos sin mesura la lectura de Mi libro de horas de Franz Masereel, porque a pesar de llegar con décadas de retraso no deja de interpelarnos.  


«¡Oscureced la habitación! Sentaos aquí, a la lámpara de lectura, con este libro, y dejad que proyecte su foco de luz sobre las imágenes mientras vais pasando hoja por hoja: no demasiado despacio; no pasa nada si no le encontráis el sentido a cada imagen inmediatamente, tampoco es importante en ese otro lugar; dejad que vayan pasando sus figuras en intenso blanco y negro, y oscilantes luces y sombras, desde la primera en la que un vagón de tren ladeado rugiendo entre humo lleva al héroe a la vida hasta el paseo por las estrellas de un esqueleto al final: ¿Dónde estáis? [...] ¡Mirad y disfrutad, y dejad que vuestra afición al espectáculo os sumerja a través de la confianza más fraternal!» 

(Del prólogo de Thomas Mann.) 

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