5 ago. 2015

Las novelas gráficas son para el verano


La primera anomalía que presenta R.I.P de Felipe Almendros (Badalona, 1979) es la firma de la portada, donde reza: Alfonso Almendros. Se trata de la primera clave para empezar a desentrañar R.I.P., un volumen que dinamita cualquier formalidad del medio —carece de viñetas— y del producto —miente sobre el nombre del autor en la portada—. En la solapa, una pequeña biografía de una honestidad cercana al patetismo se cierra con un: “lo que me empujó a hacerlo fue la necesidad de limpiar mi cerebro. Me propuse que fuera un libro de autoayuda, pero no para el lector, sino para mí”. Se trata, entonces, de un relato intimista —peligrosamente cercano a la pornografía emocional— que con su inteligente estructura da pie a una particular concepción del tempo narrativo y del espacio que construye un terreno rico en elipsis donde el desdoblamiento incide en la búsqueda desesperada de una cura; revelando, a su vez, el por qué de la enfermedad.
R.I.P. es la pieza de narrativa gráfica más extraña y estimulante que ha saltado a la palestra hispana en lo que llevamos de año, pero no sólo por su grafismo voluble e incompleto, su trazo nervioso y a la mancha controlada como razgo distintivo y unificador, sino por la construcción de una gramática y una retórica personalísima que se sostiene en el blanco impoluto que empapa y sirve de fondo a todo el relato. Ante esto, no es de recibo emparentar a Almendros con el estilo naif del británico David Shrigley o con experiencias cercanas al Art Brut, pero Almendros sobrepasa esas claves acercándose al absurdo y recreándose en una concepción libérrima de todas las constantes que, por convención, hemos dado en llamar narrativa gráfica.
           
            Almendros ha creado una pieza de gran solvencia, pero no en cuanto a agotar sus capacidades, sino que poniendo en solfa su capacidad para componer un universo propio donde el abandono de la formalidad es también un recurso estético en la forja de un tempo. Hoy miércoles os lo recordamos porque no se nos ocurre una lectura mejor para el verano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario