22 mar. 2013

Novedades, novedades

Por ser viernes, hoy destacamos cinco novedades que en realidad son seis.

 

La peor banda del mundo, de José Carlos Fernandes, la obra más premiada de la historieta portuguesa, ofrece una visión de conjunto de una ciudad sin nombre, mezcla de la Praga de Kafka, el Nueva York de Ben Katchor y el Buenos Aires de Borges. Una torpe y desastrada banda de músicos, de intenciones vagamente jazzísticas y resultados puramente caóticos, ensaya con regularidad en el sótano de una sastrería. Sus miembros son Sebastián Zorn (saxofón tenor), Idalio Alzheimer (piano), Ignacio Kagel (contrabajo) y Anatole Kopek (batería). A pesar de que llevan tres décadas ensayando, nunca han conseguido actuar en directo. Las aventuras de estos músicos carentes de talento le sirven de pretexto al autor para introducirnos en un mundo repleto de personajes entregados a ocupaciones improbables y preocupaciones inverosímiles que forman un puzle lleno de humor y melancolía que pone en evidencia la notable capacidad de José Carlos Fernandes para retratar lo cotidiano. Este primer volumen, de un total de dos, recopila los tres primeros tomos de la serie: El quiosco de la utopía, Museo Nacional de lo Accesorio y de lo Irrelevante y Las ruinas de Babel, que fueron publicados de forma individual por Devir, pero llevan varios años descatalogados. 



Francia, 1957. Los niños de la ciudad obrera norteña de Sainte Claire luchan por su terreno de juego. Partidos de fútbol que permiten medirse, ganar posiciones y hacerse respetar. Pero detrás de estos enfrentamientos infantiles e ingenuos se vislumbran los conflictos reales que se han apoderado del lugar: racismo, violencia, huelgas, luchas políticas... Baru, pionero del cómic realista y social en Francia, retrata en este álbum los barrios populares del norte del país vecino de finales de los años 50, que conoce muy bien, por ser el mundo de donde viene. “Con el cierre de las fábricas, las ciudades obreras desaparecieron y, con ellas, toda una parte de historia. Me he propuesto como objetivo poner en primer plano, en todos mis álbumes, a la gente humilde, a las clases trabajadoras, a los olvidados de la Historia”, subraya el autor. En estos barrios de extrarradio donde conviven italianos, polacos y argelinos, y donde las tensiones son más que palpables, los niños juegan juntos y los vecinos se ayudan a pesar de todo: los álbumes de Baru siempre tienen ese calor humano, esos ambientes tristes y alegres a la vez, siempre en movimiento, que mezclan drama y comedia como en el mejor cine italiano de los años 50 y 60. Esta edición integral de Los años Sputnik, que recopila los cuatro tomos de la serie (Le penalty, C’est moi le chef, Bip bip y Bonconnards têtes-de-lard!, publicados originalmente en Francia entre 1999 y 2003), es la crónica de una época y de una clase social, pasada por el tamiz de la infancia, en plena conquista del espacio. 



Los atajos hacia el crimen, el pecado y la pasión esconden giros que pueden abocarnos a los callejones sin salida de la ley, la obsesión y la paranoia. Observador detenido de la conducta humana en sus aspectos más escabrosos, Martí ha retratado las tinieblas contemporáneas con una claridad hipnótica y escalofriante de la que es buena prueba esta antología de relatos breves donde se alternan la sospecha de la fe y la realidad de lacarne, la sordidez de la urbe y los misterios del extrarradio. Los personajes que habitan estas atmosféricas páginas sufren y desean con una intensidad cegadora, definitiva, que va mucho más allá del realismo sucio. Una lectura certifica que las historietas de Martí, gran príncipe negro del cómic subterráneo, sona la crónica negra lo que la poesía decadente es a la literatura universal.



Han pasado seis años desde Los chulos pasan..., y la vida de Salvador y sus amigos ha evolucionado. Las cargas familiares de algunos de ellos y los años -que pesan más que los kilos-, junto a la situación económica (que no está para tirar cohetes), han hecho que dejen atrás las salidas de copas y la fiesta para llevar una existencia más tranquila, más familiar. Pero no nos engañemos: la cabra tira al monte y valores como la fidelidad o la amistad se pueden ir a tomar viento a la primera de cambio cuando aparecen unos pantalones con un buen relleno. Sin perder su habitual sentido del humor, Sebas Martín da un repaso a la familia, tanto la carnal como esa que nosotros creamos con nuestro grupo de amigos (niños incluidos), para llegar a la conclusión de que el paso de los años nos hace más viejos, pero no más sabios.



La vida de una joven que no cree en el amor, peroooo...quieren que le regalen flores. Se trata de un cómic donde la protagonista es una chica de hoy, joven y con ganas de vivir experiencias nuevas, que se define diciendo «Eres de pueblo si naciste en un lugar donde no hay Corte Inglés.» De ahí eso de Moderna de Pueblo, de ahí sus primeras decepciones al descubrir que la vida en la ciudad no es tan atractiva como parecía. Pero nuestra Moderna sabe reponerse y pelear por un lugar donde alojarse, trabajar y...enamorarse. ¿Enamorarse? Bueno, por lo menos intentarlo, porque la vida está sembrada de flores, pero los capullos abundan. Los hay egoístas, avaros, falsamente liberados o pegados aún a las faldas de su madre. Los hay que te cuentan mentiras, y otros que son demasiados sinceros, y unos cuantos que te piden que te abras de corazón y piernas sin rechistar. Acompañan a Moderna un montón de amigos, dos hermanas muy especiales y una madre que quiere lo mejor para su hija, pero según su propias leyes. Chica resuelta, muy «moderna», ella es una romántica que no cree en el amor, ¡pero que es feliz cuando por fin un capullo se molesta en regalarle flores!

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