3 jun. 2013

Tres grandes títulos tres

El sábado mentamos de manera muy sucinta el placer que provocan ciertas obras que se caracterizan por estar alejadas de lo que, en general, se entiende como buen gusto. Hoy, aprovechando que comienza la semana y con ello el mes laboral, hemos elegido tres obras que se centran en esa línea de quehacer y pensamiento. Allá vamos.


de Shintaro Kago

Shintaro Kago nos ofrece varios relatos en los que la acción se sitúa en el antiguo Edo. Aunque se pueden leer independientemente, los personajes se van repitiendo y en su conjunto se trata más bien de una obra coral que de una serie de relatos independientes. Como siempre, Kago nos sumerge en su particular universo en el que tienen cabida el morbo, la degradación, el horror y el más pervertido sentido del humor. El maestro del eroguro se supera sí mismo en cuanto a originalidad, plantea situaciones que son desternillantes de lo absurdas que resultan, terroríficas de lo crueles que son y angustiosas por el mal sabor de boca que te dejan.


de 
Hewllett & Milligan
Tank Girl está en paradero desconocido desde que, borracha de fama tras su salto a la gran pantalla a mediados de los 90, se dejó llevar por las fiestas locas de Hollywood. Abandonada a una existencia hedonista que consiste en ponerse ciega de todo y escuchar calipso, ahora recibe una llamada de auxilio: o espabila y recorre el largo y peligroso camino de vuelta a casa, o su novio, el canguro Booga, puede caer en las redes de Tony el Chaquetas, un productor de cine sin escrúpulos que lleva la cartera llena de promesas de éxito.


de 
Joan Cornellà
El libro Este libro contiene 48 planchas mudas, cada una de ellas autoconclusiva. Además de ser consideradas cómic por su estructura, también pueden ser descritas como pinturas del siglo XXI. Unas palabras del editor Siguiendo la estela de Pierre La Police, Joan Cornellà busca impactar a través del absurdo, aunque a menudo se aleje en pos de la búsqueda estética y del cinismo que impregnan algunas de sus historias. Bajo su aspecto de buen chico, los dibujos esconden una verdadera violencia gratuita y surrealista, que podemos reseguir hasta los precursores del género como Buñuel y Dalí.  






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