29 ago. 2014

¡2015 con Tintin!

Que sí, que es un poco pronto, pero eh, luego no diréis que nos hemos avisado con tiempo de que los calendarios y agendas para el 2015 del periodista más famoso y aventurero ya estaban disponibles.



 ¡Click a la imagen!

25 ago. 2014

Una nueva edición

Primero la hubo en tapa dura y en formato grande, luego, en pequeño y en rústica, ahora: en pequeño y en tapa dura, y es normal que así sea pues estamos ante una obra extraordinaria, pues este Génesis que ha parido Crumb ha resultado tres o cuatro veces más subversivo de lo que se esperaba —no es de recibo que cuando se supo que preparaba un trabajo sobre La Biblia algunos pensaramos que lo haría desde el lado más satírico de la vida— porque, precisamente, la subversión funciona como el opuesto absoluto de lo que se espera, como antítesis de las expectativas y no al revés. Aquí lo que ha hecho el sr. Crumb,  más allá de la novedad y de la anécdota, es un proyecto titánico que no sólo conlleva una responsabilidad y un desafío en su realización, sino que además convoca maneras que están más allá de la concepción de una obra narrativa, en este caso de narrativa gráfica, porque la Biblia es el continente de un discurso que, en palabras de Auerbach, “pervive durante milenios, dentro de la vida del hombre europeo, en una evolución activa e incesante”.

En esta ultimísima evolución que ha llevado acabo El Artista, nos encontramos con una transcripción casi literal de las imágenes que se transmiten en el Génesis y allí, alehop, uno de los gr
andes méritos de ésta obra. Me explico: La biblia, los textos que la conforman, se construye en base al conjunto de la doctrina y la promesa a fin de dotar al relato de un doble sentido oculto. El caso es que la promesa, a razón de una serie de coordenadas veladas que en el Génesis, por ejemplo, evocan un Dios dubitativo, dan lugar al anhelo de interpretación. Esta última condición le otorga a la materialidad del relato una carga que, en el mejor de los casos, conduce de manera inescrutable a la volatilización del fervor personal. Y cuando digo mejor de los casos, me refiero al fervor personal que no quiere ni necesita ser transmitido; y en este punto, quizá, encontramos el mayor éxito del volumen, ya que Crumb no se permite, en ningún caso, dar pie a la doctrina, porque acota su función, escribe autor con minúsculas, y se convierte en un ilustrador de los de toda la vida. Esa tipología de ilustrador que conjuga sus altos y bajos en función de lo que pretende adaptar, que conjuga su valor en lo que se desprende de un texto sin emitir ninguna opinión. Y allí, en esa ausencia de opinión intrínseca, está la sorpresa que nos deparaba Crumb, porque al dejar que su labor como dibujante e ilustrador hable antes que sus propios y muy merecidos antecedentes da pie a un proyecto de artista que, a día de hoy, escasea como escasean los discos de 78 rpm que tanto le gustan a Crumb. Porque Crumb ha confirmado, otra vez, que bien dispuesto lo antiguo siempre es mejor (¡y más divertido!).

¡Qué mejor inicio de semana! (Además, rima, de alguna manera con el inicio de la cultura occidental.)


22 ago. 2014

Diábolo

El miércoles os hablamos brevemente de Bastien Vivès, autor joven de talento estruendoso: magnífico. Lo hicimos para que os preparases para la novedad. Allá vamos:

de Bastien Vivès

Qué pena de jóvenes los de ahora, con sus webcómics, su internet y todo eso…Tienes 15 años. Estás tirando tu juventud por la borda. Ya vale, papá.

A tu edad yo salía con chicas y me iba de fiesta con mis amigos. Sí, claro, una época genial, seguro. ¿Qué es lo que estás dibujando ahora? Es un chiste de World of Warcraft. ¿Puedo leerlo? Sí, claro. ¿Qué es ese hombre verde?
 
Es un orco. ¿Por qué tiene una gota en la frente? Es el chiste. Pfff… Esto no hay quien lo entienda. Claro, tienes que conocer el juego…Pero desde luego con estas chorradas no vas a encontrar novia. Pues hay un montón de chicas que leen webcómics. ¿Ah, sí? Mira. Este es el blog de una amiga. ¿Y de qué habla ahí? De muchas cosas. ¿Por qué grita? Se ha equivocado de crema solar. Menuda gilipollez. No es una gilipollez. ¿Y es guapa tu amiga? ¿Se dejará follar un poco el culo? No lo sé, nunca nos hemos visto. ¿No la has visto? ¿Y cómo puedes decir que sois amigos? Hablamos mucho por el blog. No hace falta verse para apreciarse. Pero ¿qué mierda dices? ¿Te das cuenta que puede que sea feísima? No importa, eso me da igual. Dile que se ponga en la webcam. No se puede, papá, es un blog. Entonces dile que te mande una foto enseñando las peras. No, papá. No quiero. Vale, pues métete en alguna web porno y vemos unos vídeos de guarras. Que no. Ufff… Qué coñazo eres, hijo. Ya lo sé.

Y como bola extra, o como sorpresa, el segundo volumen de  una de las mejores series históricas sobre la antigua Roma.



La Expedición #02
La rebelión de Niangara

de Richard MarazanoMarcelo Frusin

Poco después de la conquista de Egipto, a las orillas del Nilo, un centurión romano descubre una embarcación a la deriva. A bordo, las promesas de una civilización rica y poderosa, desconocida por Roma. Bajo las órdenes de Marcus Livius, una fabulosa expedición compuesta por diez legionarios se adentra en el corazón del África negra en busca de un imperio misterioso... En este segundo volumen, nuestro particular grupo de legionarios romanos aprenden que el infierno puede existir dentro de los más bellos parajes. Unos vivirán, otros morirán, otros se transformarán…
Marcelo Frusin vuelve a deslumbrarnos con un dibujo y un color únicos, que hacen de esta serie, una de las más atractivas de los últimos años.

20 ago. 2014

Propuesta del día: La Carnicería de Bastien Vivès (Diábolo ediciones, 2011)



Como anticipo de lo que caerá este viernes,  os recordamos una de nuestras obras favoritas del gran Bastien Vivès.

Para empezar, cabe tener en cuenta de que en La Carnicería (Diábolo ediciones, 2011) Bastien Vivès parece responder a lo que el escritor Georges Perec proponía desde hace una buena cantidad de años, cuando, en ¿Acercamientos a qué? incide en la necesidad de que la obra literaria indague en «cómo hablar de esas ‘cosas comunes’, más bien cómo acorralarlas, cómo hacerlas salir, arrancarlas del caparazón al que permanecen pegadas, cómo darles un sentido, un idioma: que hablen por fin de lo que existe, de lo que somos». Vivès lo hace desde una perspectiva abierta y anárquica, carece de cualquier tipo de jerarquía, con secuencias inconexas que retratan encuentros y desencuentros entre dos polos: el cotidiano y el surrealista, tratamientos de la anécdota que subrayan los pequeños e imperceptibles hitos de la vida de una pareja moderna y contemporánea a partir del encadenamiento de anécdotas construye una obra que si bien a primera vista parece inconexa, resulta sumamente interesante al ser como un conjunto de estampas que evidencian que todas y cada una de las pequeñas anécdotas del cotidiano permiten fantasear con los contornos comunes; esos que con el tiempo acaban por evidenciar la imposibilidad de acercarse a ellos desde la razón práctica dispuesta como de un modo férreo y por ello inflexible a aquello que parece ordinario.

Esta predisposición de Vivès, manifiesta en otras de sus obras y que en principio podría ser poco más que una filia, una obsesión o un tema recurrente, acaba por resultar sumamente llamativa desde este punto de vista, pues resulta afín al tránsito de narraciones de otros ámbitos y medios: le conecta tanto a un tipo de cine de carácter intimista y nuevo cuño como a una literatura última que incide en rondar las características afectivas que rigen las relaciones en el mundo contemporáneo. De esta manera, la idea de leer a Vivès desde las perspectivas abiertas por autores como Miranda July, Dave Eggers o Alejandro Zambra, por nombrar tres, permite pensar la obra de este joven francés como una nueva entrada, otra, al intento, casi siempre inasible, de indagar en los nudos que mantienen en forma a la red social, a los modos en que establecemos las relaciones entre unos y otros. Se trata, pues, de indagar y rebuscar esos gestos que nos son comunes pues inciden en alumbrar las zonas oscuras de la cotidianeidad donde todos estamos inmersos.

De su inmenso talento como dibujante e ilustrador de Vivès hablaremos en otra ocasión, luego de acotar por qué la ausencia de señas para identificar este tipo de relato como de carácter autobiográfico resulta más interesante que las que si llevan el “este soy yo y mis neuras” como principal reclamo. De momento, lector, tómelo como una recomendación estupenda para hoy miércoles.

13 ago. 2014

Un europeo

La semana pasada os comentábamos así al pasar lo de las pocas novedades que van apareciendo en el verano, pero eso no quiere decir que aquello que aparece lo haga como bulto o que no tenga un valor específico, que este volumen lo tiene y en demasía. Y hoy, miércoles, igual es un buen día para comprobarlo: con un volumen que recoge los primeros 4 tomos de una de las más llamativas series de cómic histórico de entre las que se están publicando en Francia.


de Daniel Bardet y François Dermaut

Francia, a finales del siglo XVI. Una terrible guerra civil se ha desencadenado: por un lado, los partidarios del rey Enrique de Navarra, el primer monarca de la dinastía Borbón; por otro la Santa Liga Católica, que no acepta a un rey reformista en el trono francés. En medio de este fuego cruzado se encuentran Gunther y Maese Pritz, dos mercenarios que venden sus servicios al mejor postor y que se ven involucrados en una trama de espionaje salpimentada con monjes traidores, brujas, salteadores de caminos, muchachas hermosas y mucha, mucha acción. Los caminos de Malefosse es una de las series históricas más famosas del cómic francobelga, que hará las delicias de los amantes de grandes clásicos como Las torres de Bois Maury o Las siete vidas de Gavilán.

11 ago. 2014

Propuesta del día: Háblame de amor, de Aline Kominsky y Robert Crumb


En una carta fechada el 21 de enero de 1977,  extraída de Your vigor for life appals me: Letters 1958-1977 (Fantagraphics, 1998), Robert Crumb le confiesa a su amigo Mike Britt que lleva dos años viviendo con Aline Kominsky, una mujer a la que define como inteligente y cómica (como son cómicos los humoristas judíos), además de buena en la cama. Luego la piensa como mujer, la hace víctima de su misoginia, y añade que es muy posible que cuando Britt recibiese la misiva sería soltero otra vez, evidenciando así la fragilidad de sus relaciones de pareja. Para entonces, el tándem Crumb-Kominsky ya había empezado a experimentar con cómics autobiográficos donde ambos se dibujaban a sí mismos sin transar un ápice en ambiciones ni estilo. Y así siguieron haciéndolo hasta 2011, año en el que publican la última de las colaboraciones que recoge ¡Háblame de amor!, con tapa dura, algo ya habitual en el medio, aunque –¡por fin!– sin poner lo de ‘Novela Gráfica’ en ninguna parte.

En términos prácticos, y siendo breve, ¡Háblame de Amor! es un volumen que retrata una especie de terapia de pareja de carácter libérrimo y esquinado donde ambos autores exploran el aspecto cotidiano de su relación así como el entorno en el que se desarrolla. Esto, por ejemplo, resulta llamativo en una de las primeras historias (Aline ‘n’ Bob’s Funtime Funnies, 1974) donde un cameo de Timothy Leary en mallas evidencia dos cosas: por un lado,la cercanía de la pareja con lo que se suele nominar contracultura, jipismo o lo que sea que contemple la conjungación entre la búsqueda de formas de vida alternativas y el uso (y abuso) de drogas. Mientras, por el otro, aparece el interés de problematizar mediante los mecanismos del humor aquello que les rodea usando el autoescarnio como principal basa para dibujar su lugar en el mundo desde donde hablan.
Así las cosas, cabe advertir que en las casi trescientas páginas del volumen se dan cita la repetición constante y los temas recurrentes de una pareja que ha elegido retratarse sin tapujo alguno, lo cual conlleva, mientras se avanza en la lectura, una sensación de familiaridad que entraña una paradoja: generar  extrañeza en un ámbito donde cualquier codificación es posible porque nada sucede.
Dicho esto, cabe hacer hincapié que entre el estilo nervioso y abigarrado de Crumb y el trazo tosco de Kominsky se construye una lectura del cotidiano que da lugar a la glorificación de la banalidad y lo corriente. Glorificación que cuenta con el contrapunto que generan los monólogos disparatados, los diálogos mordientes y las acotaciones (en forma de pequeños carteles) que salpican de observaciones sardónicas cada una de las historias que componen el volumen. Un ejemplo claro de este proceso es la aparición de Sophie Crumb, hija de ambos, quien (¡desde antes de nacer!) se convierte en un eje temático sobre el que giran tanto las tensiones entre presente y pasado (“¿cómo le digo a mi hija que no se drogue si en mi trabajo explico que me ponía hasta las cejas?”) como las relativas al cambio de vida que ello significa y así hasta que ella misma roba plano. Es decir, se dibuja a sí misma completando una triada de impecable talento.
Aquí no hay, por cierto, grandes reflexiones de la vida en pareja. No se trata de eso. Lo que si encontramos son discusiones, con sus respectivos abandonos y reconciliaciones, sexo desenfrenado y grotesco, adultos que salen de compras, pases de cine en festivales, constantes cambios de vestuario, cenas y visitas de amigos —¡cameos de Art Spiegelman y Charles Burns!—, desfiles de moda y la entrada del dinero en una relación que, al comienzo, había hecho de la precariedad tema de variadas digresiones.

Si es verdad que la vocación de Crumb proviene de sus dificultades para relacionarse con el entorno, como se subraya en el volumen epistolar antes mencionado y en el documental que Terry Swigoff estrenó en 1994, este trabajo junto a Kominsky hace explícito que esas dificultades siguen ahí. Vigentes, sí, pero también compartidas durante 35 años. Y quizás por ello, en plena canícula, pensamos que era una estupenda manera de empezar la semana.

8 ago. 2014

Propuesta del día: Buscavidas de Dabitch & Flao (Norma Editorial, 2011)


Si bien Buscavidas de Christophe Dabitch (Bordeaux, 1968) y Benjamin Flao (Nantes, 1975) se presenta como una historia sentimental construida en base a pintoresquismos –“[los autores] nos cuentan una historia de un gitano y un payo cuya vida es el cante”, dice la contratapa– la obra goza de una serie de elementos que, tanto a nivel gráfico como a nivel semántico, rompen esa barrera para generar un juego de tensiones que en lugar de recrearse sólo en la ya clásica trama de “dos amigos de raíces y cosmogonías distintas que comparten muchas cosas, aish”, acaba por recoger una tensión que, si bien parte de eso elementos, explora un ámbito más complejo que se puede entender como una fricción más llamativa: la ya clásica, pues remonta su formulación a los tiempos de Goethe, de Civilización v/s Cultura. 

Ésta fricción explora dos ámbitos que encarnan precisamente el payo y el gitano o, respectivamente, Manuel y Benito. El punto de unión entre ambos pasa por la querencia hacia el flameco en todas sus formas y, precisamente por eso, ahí radica su más profunda desavenencia: el modo en el que ambos se acercan al cante y al baile. El modo en el que ambos entienden que se ha vivir para poder ejercer de cantor o bailaor. Mientras Manuel, criado en Francia, entiende el flamenco como una expresión que se ha de perfeccionar mediante la práctica; Benito lo entiende de manera completamente opuesta, ya que en lugar de hacer del cante una expresión meramente estética lo entiende como la manifestación última de la experiencia. De ésta concepción del flamenco proviene, además, el motor del relato, pues Benito se enfrenta continuamente al dictado de la tradición de su comunidad de origen y de los tópicos que acarrea, sobre todo los peyorativos. Explora los conflictos que le presenta la misma y a partir de sus contradicciones construye una ética del sufrimiento acorde con su pasión por la música, pues su única meta pasa por ser un cantaor de pura cepa. El cante es también quejío y eso, según él, no se aprende ni práctica: se vive con orgullo. Dice Benito: “Mi orgullo es creer que puedo ponerme al servicio del cante, que puede atravesarme”. 

A partir de ésta postura, evidentemente romántica, el relato aborda diversos puntos de vista y lo hace mediante una suma de grandes hallazgos narrativos y un apartado gráfico solvente: el uso preciso y sugerente de la gama cromática de los ocres y los constantes cambios de técnica que amplían la significación de la letra impresa o el globo de diálogo. Así, el relato se inmiscuye en los matices que esconden las manifestaciones populares y en esa exploración revela con suma eficacia la querencia de los protagonistas por el flamenco, contrastando las diferentes facetas de la expresión: desde su uso cotidiano, en la terraza de algún bar en Andalucía, hasta el momento donde la ceremonia del cante se celebra: en un tablao. 

Este volumen, presenta, entonces, una trampa formal muy hábilmente dispuesta: se entrega, en principio, al tópico y al pintorequismo, pero no ceja en su intento por desenmarcarse de ese ámbito puramente sentimental para iniciar una deriva hacia una lectura de lo cotidiano que el cómic contemporáneo parece evitar: el relato de una derrota, justamente aquella relativa a la cohesión de las opiniones y experiencias respecto a las manifestaciones populares, puesto que cada una se quiere única y veraz. Aquí se cuenta ese proceso, que pasa por hacer todo lo (im)posible para ponerse feo. A como dé lugar. Por eso es una estupenda recomendación de viernes.

6 ago. 2014

Un reboot

Pocas novedades nos trae el verano, pero hay algunas interesantísimas que uno debe de cuidar para evitar que pasen desapercibidas. Porque, precisamente porque estamos en verano, corren ese riesgo. Por eso hoy, en pleno meridiano de la semana, os recomendamos este relanzamiento de una serie ya mítica.

La cosa del Pantano #01
de Brian K. Vaughan y Roger Petersen

Tefé Holland despierta a la vida después de un largo sueño en el cuerpo de una adolescente californiana. Pero la vigilia también puede ser una pesadilla para quien domina la carne y el tejido vegetal. Envuelta en una guerra entre el mundo del Verde y el de la raza humana, Tefé trata de detener la escalada de violencia embarcándose en la bu squeda del Árbol del Conocimiento, una planta legendaria cuyos frutos podrían proporcionar la clave para cortar de raíz este antiguo conflicto. En 2000, el guionista Brian K. Vaughan (Y, el último hombre) recibió el encargo de relanzar la colección de La Cosa del Pantano junto al dibujante Roger Petersen. El resultado es una entretenida odisea que combina terror, aventura, drama y ecología.

4 ago. 2014

Propuesta del día: Binky Brown conoce a la virgen María de Justin Green (La Cúpula, 2011)



Esta vez la propuesta es de una obra bizarra. Y lo es en sus dos acepciones: tanto en la francesa como en la castellana. En serio, Binky Brown conoce a la Virgen María es un testimonio del underground norteaméricano deliciosamente raro y extremadamente valiente. Tanto por los desvaríos que la fiebre de la pulsión sexual provoca en el protagonista, un estado de constante neurosis, tanto por la construcción de un esperpéntico baile en el abismo, continuo y delirante, tanto por subrayar que  lo grotesco y lo ridículo son parte indivisible del cotidiano. 

Así, esta obra de Green se recrea en la escisión entre la experiencia y la doctrina católica, construye una historia donde el inconsciente se hace vívido y nos consigna las constantes de su pasado sin nostalgia y sin recurrir a la identificación. 

Con una voluntad de estilo que sobrepasa, con creces, los supuestos del medio “allí y entonces”, Green logra depositar sus vivencias en “el aquí y ahora”  con una gran voluntad de innovación. Lo dice Art Spiegelman en el prólogo a esta preciosa edición de La Cúpula: la obra de Green no sólo se presenta como una obra importante de por sí, sino por lo que significa de cara a validar la sofisticación del cómic. Sofisticación que, en los últimos tiempos, ha encontrado en la autobiografía los códigos paran ensanchar los límites, para experimentar con las posibilidades del medio, etcétera.

Llegados a éste punto, quizás sea pertinente conjugar la doble lectura que permite el volumen. Es decir: si bien el “allí y entonces”, que esboza Spiegelman y que Green subraya en su digresivo epílogo, hace que la obra cobre una dimensión contingente: hay algo en su factura y en su construcción que sobrevive al tiempo. Por eso lo proponemos/recomendamos hoy, primer lunes del mes.