12 ene. 2016

"EL CID" de Antonio Hernández Palacios

A principios de los años 70, Palacios recibe la noticia de que se están buscando dibujantes para un nuevo proyecto, una revista llamada Trinca, la cual era un intento de la Editorial Doncel de imitar las publicaciones de cómic europeo y que durante varios años reune a los mejores dibujantes del panorama nacional.

Se llega a un acuerdo para editar dos series, una, “Manos Kelly” y la otra “El Cid”,  más luego una tercera llamada “La Paga del Soldado”, de publicación más irregular.
 
Esta revista tuvo una duración de 64 ejemplares y la serie del Cid aparece a partir del número 12, y hasta su cierre, se publican dos episodios de 44 páginas, intercalándose con la otra serie de Palacios, “Manos Kelly”, la cual estaba ambientada en el oeste.

La revista cierra y las dos series quedan en el limbo, momento en el que Hernández Palacios pasa a trabajar al mercado francés en donde hace su serie de mayor éxito, Mac Coy.

Hay que decir que la revista Trinca sirve de trampolín a varios dibujantes españoles, los cuales estaban muy bien considerados en Francia y que desarrollan su carrera en este pais.

Posteriormente, en el año 1978, Palacios empieza a trabajar para la editorial Ikusager, en una serie cuya  temática de fondo es la guerra civil española y al cabo de cuatro años retoma El Cid.

Ikusager publica los dos álbums previamente realizados para la revista Trinca en dos álbums y continúa con dos álbums más, que hasta la fecha permanecían inéditos.

Recientemente, Ponent Mon acaba  de publicar un integral con estos cuatro álbums, recuperando un clásico de la historieta española y realizando una edición que mejora a las anteriores, sobre todo en lo relativo al color y complementándola con unos extras de mucha calidad que aportan una información bastante interesante.

Una vez explicadas las distintas publicaciones de la obra vamos a analizar en que consiste la misma.

Lo primero, insistir en que estamos ante lo que era un proyecto de larga duración. Por motivos ya explicados, la serie se interrumpe, pero la idea de Hernández Palacios era hacer unos  20 episodios.

Estamos ante una serie de temática medieval, con un trasfondo histórico muy concreto, la España de la reconquista y con una documentación muy meticulosa por parte del autor, el cual se documenta con obras como El Cantar del Mio Cid, Historia de España de Menéndez Pidal o incluso la película del Cid protagonizada por Charlton Heston.

Hernández Palacios realiza cuatro álbums, y la historia empieza justo  después de la batalla de Graus en 1063 y  concluye con  la muerte de Fernando I el Magno, en 1065.

En el transcurso de estos dos años, nos dibuja un escenario muy reconocible para el lector y uno de los momentos claves de la historia de la reconquista, que es el fallecimiento del rey Fernando I de León y de las disputas por sucederle en el trono.

¿Qué vamos a ver en El Cid, de Hernández Palacios?
Tenemos cuatro historias, la primera, que sirve de introducción a los personajes, consiste en la historia de la dama Usúa, la cual  vive en un  valle alejada del mundo, la segunda  seria la de Las Cortes de León, en donde veremos a cada uno de los protagonistas de la familia real y las rencillas entre ellos, el tercer álbum es el de la toma de Coimbra y el cuarto La Cruzada de Barbastro.

El protagonismo de la serie recae en Sancho II de Castilla, brazo fuerte  del rey Fernando I de León, ya que en realidad es el protagonista de estos cuatro capítulos, dejándo en un segundo plano al Cid, que tan sólo es un escudero y que además no está bien considerado en la corte.

Sancho es el protagonista, es quien toma las decisiones y toda la historia gira en torno a él, pero claro, de haber continuado la serie, no hay que ser adivino para pensar que en uno o dos álbums más el protagonismo pasase al Cid.

La ambientación histórica de la serie.

Palacios recrea muy bien todo el marco sociopolítico del siglo X, ya que veremos alianzas entre los musulmanes  y los árabes, relaciones de vasallajes en ambos sentidos y  disputas entre los cristianos de todo tipo.

Una buena muestra de ello es la relación de Sancho II con el emir de Zaragoza, Moctadir, las disputas entre cristianos o el episodio de la Cruzada de Barbastro, en donde por iniciativa del Papa de Roma se crea un ejército de mercenarios que irrumpen en la península para combatir a los musulmanes, estando al margen las tropas castellanas.

Mención aparte merecen las batallas, las cuales vemos en el álbum de la Toma de Coimbra.
Máquinas de asalto, caballos, pertrechos, armas, todo con el más mínimo detalle, pero también los distintos puntos de vista en los participantes de la batalla.

Por un lado, los atacantes, los cuales hacen un despliegue de fuerzas enorme, por otro, los asediados, que resisten como pueden aún sabiendo que llevan las de perder, y por último las víctimas colaterales de esta guerra, los mozárabes que viven en Coimbra y que no pueden salir de la ciudad durante el largo asedio de esta.

Dentro de esa visión tan global de todos los bandos, llama la atención el detalle de que en un asedio tan largo, no sólo los sitiados se pueden quedar sin víveres, si no también los asáltantes.

La obra de Palacios está repleta de escenas cotidianas, recordando en esos aspectos a la obra de Harold Foster, El Príncipe Valiente. Soldados entrenando, páginas explicándo como se mueve un ejército por sitios infranqueables, detalles de la vida en la corte y personajes  retorcidos y malvados que pongan el contrapunto a los protagonistas.

En definitiva, un clásico de la historiéta española del que por fin tenemos una edición definitiva.

Fuente: "Tomos y Grapas"

A LA VENTA EN CONTINUARÀ

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