8 mar. 2016

"EL ÁRABE DEL FUTURO 2" DE RIAD SATTOUF


Desde finales del siglo pasado no hace falta tener súperpoderes para gobernar páginas con viñetas. Las historietas ya no son territorio exclusivo de Spiderman o Superman y ahora basta con un niño con aire ingenuo deambulando por la Siria de los años ochenta para conquistar el universo de la novela gráfica.

"Intento hacer cómics que puedan leerlos quienes no leen cómic. Ese es mi objetivo. No quiero dejar el cómic a los fans de los superhéroes", comenta en una entrevista Riad Sattouf (París, 1978) con motivo de la publicación este viernes en España de la segunda entrega de su exitosa saga autobiográfica 'El árabe del futuro'.

En este segunda entrega, que también edita Salamandra Graphic y llegará a Latinoamérica en los próximos meses, Riad tiene seis años y sigue luciendo los mismos rizos rubios con los que conquistó el Festival Internacional del Cómic de Angulema en 2015.

La familia franco-siria Sattouf reside en este relato en Ter Maaleh, a las afueras de la ciudad siria de Homs, donde la vida transcurre de manera muy diferente a la que Riad dejó atrás en su Francia natal.

El pequeño tendrá que enfrentarse a su primer día de colegio en una paupérrima aldea, parca en infraestructuras y aliñada con pastores de cabras, mujeres con velo y parafernalia patriótica.

"A menudo, la ingenuidad y la inocencia aparente de los niños resalta lo absurdo de los comportamientos adultos", explica el autor de un cómic que narra con humor situaciones cotidianas del tradicionalista mundo rural sirio en los años ochenta, una sociedad que rezuma machismo, antisemitismo y autoritarismo.

El Riad Sattouf actual ya no es aquel niño rubio que miraba con profundo orgullo a su padre en un mundo desconocido, sino un respetado artista de 37 años con ojos rasgados y gafas de pasta oscura cuyas patillas desaparecen entre un pelo negruzco y una barba prieta.

Ladeado en una silla en las oficinas de una editorial en la capital francesa donde recibe a la prensa, Sattouf se refiere a su progenitor como "alguien que había nacido ultrapobre y que había llegado a la cima de la educación europea", al doctorarse en Historia en la Universidad de La Sorbona de París.

"Después quiso devolverle al mundo árabe la educación que había tenido porque quería convertirse en alguien importante", dice sobre el verdadero protagonista de una historia con humor ingenuo en viñetas violáceas que espera cerrar en cinco tomos. De los dos primeros fascículos se han vendido más de 650.000 ejemplares.

Le interesa, dice, mostrar "esa paradoja entre la aspiración al progreso y a la modernidad" y "ese sentimiento profundamente anclado de que la libertad no es una opción y de que si dejamos que la gente haga lo que quiera va a elegir a dirigentes inútiles que les van a hacer falsas promesas".

La magia del relato, en línea con otras recientes novelas gráficas de éxito como 'Crónicas de Jerusalén', de Guy Delisle, reside en que se presentan los hechos con ingenuidad, sin que el narrador tome posición y mediante un dibujo de trazo simple y aseado, ejecutado por el que fue un temprano admirador de Tintin.

Un Tintin que -abundando en las contradicciones del padre panarabista, laico y profesor universitario- era el único libro que había en la casa de la infancia de Sattouf, junto con una edición del Corán.

"Durante muchos años creí que Tintin existía desde la eternidad, como la Tierra o el Sol. El día que comprendí que un ser humano podía hacer eso fue una revelación. Como si me hubieran dicho que el Sol lo ha hecho un hombre", cuenta Sattouf, que entonces ni soñaba con vivir de los lápices.

El autor, que reside en París, ha olvidado el árabe y hace dos décadas que no ha pisado Siria. Elude hablar de la situación actual de un país cuya actualidad afirma desconocer y que se las apaña para regresar con sus respuestas al territorio perdido de la infancia.

"Un día leí en el diario 'Le Monde' el nombre de mi pueblo en Siria, que se llama Ter Maaleh. No es que sea un rincón olvidado del mundo, sino que lo es también en la propia Siria. Leer el nombre del pueblo en un periódico así me hizo pensar en cómo habíamos llegado a esto. Es terriblemente triste, un drama absoluto", concluye.

Fuente: Diario de Navarra

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